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Cicatriz tiene heridas sangrantes en todo el cuerpo: en los pies, por tanto andar un camino escabroso al que fue orillada desde antes de nacer.
Cicatriz así se llama, así le puso su madre, esperanzada en que las llagas un día cerraran, pero nunca le cicatrizaron. La herida más profunda la lleva en el pecho izquierdo y la más dolorosa en la entrepierna. La primera se la hizo un joven apuesto con el filo de unos labios que prometieron un regreso incumplido, después de partir a la guerra; la segunda, la que se esconde como niña temerosa cada vez que intentan derribar a golpes la puerta de su cuarto, se la hizo el borracho de su padre. A su alrededor hay un océano rojo. Desde aquel día, cuando cumplió quince años, la herida no deja de sangrarle.



Marcos Rodríguez