QUE ANTIGUO RÍO
Que antiguo río
nos ha dado este idioma,
qué gran caudal
nos ha dado respiración
y patria.
Y por qué ahora se vuelve
sombra y humedad de la negación.
Y por qué ahora ya no se despeña,
terrible, auténtico, y tutelar
en nuestra palabra, enredado. |
|
LA CASA DISTANTE
Llegaste a casa
después de la guerra,
sublime, importante,
henchido, con las nuevas.
Viste la felicidad del gato
bajo los guayabos,
después viste a tu mujer,
saludo extranjero te ofreció.
Después los reclamos y los sollozos,
tus hijos atemorizados,
las noticias incriminatorias.
Ya en casa el día te pareció borrasca,
remordimiento, sin gozo sin nombre,
la casa sin himnos la casa distante.
LO QUE QUEDA
El canto sublevado,
los gatos que dormían
encima de tus brazos.
La noche con tus comentarios
y mis recitales profundos.
Mi sombra sobre tus libros,
mi sombra que llegaba a todos
tus espejos.
Tu cuerpo que se abría
como cicatriz o fruto
Tu desnudez repitiéndose
en mi palabra y en mis ojos.
Tus necesidades y mis ideales,
y la luz
andando sobre nuestros itinerarios.
Todo en los baúles de lo perdido,
todo lo grato bajo las leyes
de la ausencia.
Acodado sobe el montículo
de las ruinas,
Sólo me queda el testigo
de las cosas que se desploman,
y esta palabras que escarban
en la noche de los castigos.
PALABRAS
Hay palabras
que vienen de la catástrofe,
de un canto de los enfermos,
o de la muchacha que llegó a la esquina
y rompió con rencor, todos los cántaros.
Sin duda,
hay palabras que son muros,
gancho o método de la Bestia.
Palabras amables como el bosque,
bellas como la ausente que gime el “Cantar
de los Cantares”.
Palabras que lavan como la lluvia,
que alumbran los recovecos del corazón.
Hay palabras que vienen del origen
o del mago que espera el temporal.
Palabras que vencen,
palabras que acercan,
palabras de duelo,
palabras de rapto.
Pero tengo que ser franco,
sólo hay una que me puebla,
sólo una que me compromete,
y es aquella que nace de tu cuerpo,
la que nace de tu boca,
del inacabable país de tu voluntad.
DE AQUELLA CONFIANZA
Veía en ti
el cántaro de las posibilidades,
la imagen que hacia perdurable
los proyectos y los vértigos.
Veía sobre tu mano el coraje necesario,
la suave claridad de los idiomas.
Confié mis tributos y mis pasiones
bajo tu nombre,
empeñé mi júbilo y mi dedicación
para que gane la casa,
para fundar lo inolvidable sobre la tierra.
Veía el gozo y la bandera
de los amantes,
pero nunca pude ver
el desencuentro
y la innombrable despedida.
Omar Santos
|
|