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POESÍA - ARTURO WOLFRANGIO
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profecia
I

Araño de continuo
la tela del deseo
saco hilos de colores
que prometieron
ser negros.

Me acuerdo de tu falda
tan corta
como nuestro instante,
tan larga
como nuestro duelo.

Recuerdo que tampoco
tenía hilos negros
puros morenos anhelos.

Rasgo siempre la
velocidad de lo casual
la latencia de lo planeado
y me encuentro
con los escritos de ayer,
ininteligibles hoy,
casualidad planeada
o
planeación casual...
final que colapsa tras el recuerdo.

II

Indago en cada espejo
la mirada que fue mia
¿Ayax, Héctor o Aquiles?
¿quién fui yo?
¿Atila, Gengis Kahn?
¿Ahuízotl o Pakal?

Reproduzco las grecas
de mi profecía,
esa que deletreo
en mis cuadernos
de cuando aprendía
las letras,
las que ahora
llenan mis vacíos
con milagrosa tinta verde.

Las reproduzco,
trazo a trazo,
y entiendo que en lugar de vivir
recuerdo,
cumplo en aproximado trance,
al pie de la letra,
lo que de niño dije de mi.

Enmudece mi lengua
en el trance de tu furor envuelta
quédase sin palabras fonéticas
sólo con sílabas lúdicas
intenta grafías espasmódicas, tibias
busca acentos lúbricos,
escritos en la ebullición
de nuestros sistemas nerviosos,
ellos nos avisan adormecidos
la urgencia del gozo
sublimado en tus pupilas
extasiante reflejo
de las mías
punto ciego del mirar tranquilo
cenit de la pasión intensa.

La espiga enhiesta
del maíz vivo y vigoroso,
imagina el campo de trigo suave
en que mecerse quiere
desatar un torrente de caricias debe
según su misión ancestral,
y se entrega al viento para germinar
lunas de obsidiana y plata.

Mientras tus latidos invocan
pulsos digitales en mi pecho
que obediente responde
con un canto-percusión alegre
en mis venas cirulan ansias rojas
de tocar las tuyas
en conjugado roce celular.

Mis manos vibran en fase intranquila
recorriendo las olas en tu orilla
haciendo un catálogo de sueños
un mapa de mi fantasía
que, en arrebato luminoso,
intenta ser la tuya.

Las nubes de tus dedos
condensan deseos alrededor de mi cuello
desatando un dilubio jubiloso
que moja el cuerpo entero
que hierve a tu contacto
evaporado en ganas de tocar tu cielo.

Escampa el horizonte
ante la promesa del mañana:
aún no es tiempo de que llueva tu bondad
en el campo seco de mi cuerpo inerte.