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Papá sienta a Tim sobre sus piernas y le comienza a explicar la ciencia de las chicas. Tim siempre atento, escucha lo que papá dice: Las chicas siempre usan tacones cuando hacen el rito de la abeja: las chicas usan lencería sexy y pequeñita; las chicas siempre sienten placer; las chicas son muy flexibles, recuérdalo siempre cuando estés frente a una; las chicas siempre gritan de gusto y las chicas que nos comprenden, le recalca su padre al jovencito sentado bajo la tutela de sus piernas, están debajo de la pantalla del televisor. |
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Tim escucha silenciosamente a su padre explicarle sobre el amor, mientras le prepara el pijama para irse a dormir, el chico atento ante las palabras nocturnas de su progenitor, oye lo que él le dice: El amor tiene olor a un mar lleno de peces; el amor es mejor tomarlo por detrás, a gatas y sobre una alfombra; el amor se siente calientito en la punta de la "pis"; en el amor entre más ves, más quieres; el amor se siente más si es entre dos o más; el amor, sabes que está ahí cuando se te engarrota; el amor es muy bonito, pequeño Tim. El chico viste su pijama, se va a la cama y duerme con la esperanza de conocer un día el amor.
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Papá ve la lucha de mujeres en aceite por televisión, mientras sostiene una lata de cerveza en la mano y deja a Tim comer la sopa por sí solo con la cuchara y un babero colgado sobre su cuello, de manera que el chico se chorrea de sobremanera. El padre le dice al pequeño cómo tomar el mango de la cuchara, con toda la mano y fuerza de varón para lamer la cóncava y húmeda figura donde se quedará la sopa hasta que la lleve a su boca. La forma de las cucharas, le dice el hombre al muchachito, son como el hombre y la mujer. Y ambos siempre deben llegar a tu boca como un buen bocado, debes de saberlo y recordarlo para siempre. El hombre es el mango duro, fuerte y alzado que dirige el recoveco; la mujer, es el recoveco que recoge el caldo caliente del macho, que ninguna chica jamás deberá despreciar , cuando se lo deposites en su garganta profunda. El inocente chico con mejillas algodonadas, lleva a su boca de manera muy experta sin derramar una sola gota de sopa en la tela protectora, la exquisita sopa que le preparó su tutor antes que comenzara la lucha de mujeres por televisión. |
María Montelongo
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